PSICOLOGIA GENERAL... "EL YUGO EN NUESTRA VIDA"(Parte III)
Hacemos un gran esfuerzo por alcanzar nuestros logros, para quedar bien con alguien, para merecer el amor o resolver situaciones muy complejas...

EL YUGO EN NUESTRA VIDA (Parte III)

Actitud de vivir bajo un yugo.
Es vivir en un estado de opresión. El yugo es un madero que se coloca en la cabeza de dos bueyes para que tiren juntos.
Obliga a que los dos trabajen. Para que funcione, el buey tiene que tener la cabeza gacha. El yugo no permite que levante la cabeza.
Aplicado a las personas un yugo es algo que se caracteriza por someter. A veces una persona muy autoritaria nos tiene bajo su yugo.
No queremos contestar por temor a herir, ofender y seguimos bajo esa influencia.
Cualquiera sea la situación del yugo en nuestra vida, (una relación que nos mantiene en un tiempo de dolor y sufrimiento, una realidad humillante en nuestra vida, etc.) no permitirá expandirnos, crecer, ni lograr nuestros objetivos.
Esta situación puede provocar estados depresivos que, a veces, ni siquiera percibimos.
Hay una actitud de desaliento, de detenimiento, que hace que no se pueda avanzar.
Un yugo puede ser la autoridad de una pareja, una madre implacable, criticona, un hermano demasiado demandante, los hijos, un trabajo, un lugar donde no nos gusta vivir, etc.
Tiene tanto peso en nuestra vida que, hasta que no se puede corregir ese vínculo que tiene tanta exigencia no podemos empezar una etapa nueva, brillante y con capacidad para desarrollar nuestros talentos.
Mientras estemos bajo el yugo, no podremos ni descubrir nuestra verdadera identidad ni sentirnos plenamente felices.
Estaremos decepcionados, agotados, con la cabeza en sometimiento. Hasta tanto no se salga de esa influencia negativa, difícilmente podremos sentirnos en armonía.
El yugo deberá ser identificado, descubierto. De lo contrario no vamos a poder tener los resultados positivos que deberíamos lograr en nuestra vida.
PREGUNTA Nº 3: ¿Una persona puede perder su personalidad en esta circunstancia?.
RESPUESTA: En realidad el yugo impide desarrollar todas las capacidades. La situación va desgastando y la persona no tiene deseos de pensar en sí misma.
Habitualmente puede provocar una depresión que puede durar muchísimos años y que desaparece cuando desaparece el yugo.
A veces, después de mucho tiempo, cuando la persona comienza a notar la libertad en que vive, recién allí se da cuenta de que estuvo bajo un yugo y lo que ello significó en su vida.
PREGUNTA Nº 4: ¿Puede una persona, aunque ya sea mayor, salirse de ese yugo?.
RESPUESTA: Estamos bajo yugo porque colaboramos con ello. Habitualmente aparece por vínculos que están en nuestra vida desde hace muchos años. Es tan sutil, que no lo entendemos como tal.
Nos cuesta mucho esfuerzo, tratamos de quedar bien, de conformar al que jamás quedará satisfecho y estamos invirtiendo demasiada cantidad de energía. El otro no cambiará jamás porque está cómodo.
A veces, el yugo se fundamenta en una cultura familiar. Tal vez nuestra madre ha vivido bajo autoridad, sufrimiento, enfermedades, malos tratos que han significado demasiadas renuncias.
El yugo moviliza renuncias sin que nos demos cuenta.
Si usted descubre en su vida, cosas que no puede lograr, trate de analizar y ver si está bajo yugo. Hasta el esfuerzo por tratar de ser amado y aceptado puede ser un yugo.
Nos relacionamos de tal forma, que termina siendo el eje de nuestra vida, esa actitud de insistir en ser amados y aceptados, buscando la respuesta en otros.
Sin reconocer que la aceptación, el amor y la valoración, debe estar en nosotros hacia nuestras propias cosas.
Cuando tratamos de conformar, contener, agradar, educar, obedecer, complacer al otro podemos tener una vida entera bajo yugo.
PREGUNTA Nº 5: ¿Cómo se hace para poder salir de un yugo familiar y económico a la vez?.
RESPUESTA: Hay que reconocer que este yugo ha sido mantenido por una cuestión de conveniencia y/o de comodidad. Tiene un precio.
Habrá que analizar: si yo lo tengo por una cuestión económica, es porque no he desarrollado mis propias actitudes, por eso estoy atada.
Deberé ir armando un proyecto que me ayude a crecer. Para mantener el yugo, el pago que yo doy no es solamente el del sometimiento y la obediencia, sino el de renunciar a disfrutar.
La persona que está bajo yugo, tiene dificultad para pensar en sí misma y acercarse al placer. Aproximarse a personas gratificantes y grupos constructivos.

CONCLUSIONES:
1) En el yugo puede ocupar un papel muy importante la lástima, por ella se puede sostener. No nos damos cuenta de que estamos bajo una influencia negativa y muy destructiva.
Es un elemento muy disimulado y a veces no se detecta.
2) La persona que se exige para hacer todo muy bien o por quedar bien con los demás, se transforma en un riguroso perseguidor de sí mismo.
Sin darse cuenta puede estar toda la vida controlándose, exigiéndose, dando lo mejor para los demás, quedándose sin nada.
Como consecuencia, educó a los demás para recibir. Cuando se da cuenta y quiere dejar de dar, los otros agreden porque les cambia las reglas del juego.
Ha educado a los otros para que demanden, se instaló un vínculo neurótico, donde el otro pide porque siempre se le ha dado.
Allí está el yugo de la autoexigencia. Cuando mayor sea, más lejos estará del placer.
¿Cómo se cura?.
Empezando a practicar “el egoísmo”. Centralizar el eje de nuestra vida en nosotros mismos. Retirar el eje de la vida de los demás. Cuando hemos armado un sistema de protectorado y de repente queremos romperlo, deberemos atravesar una etapa intermedia de reproche.
Vamos a empezar a sacar el yugo de los demás.
Aún el que se acostumbró a pedir y aceptar está bajo el yugo. Cuando dejamos de dar, lo aceptamos como persona entera y capaz, comenzará a crecer en libertad.
3) Deberemos reconocer cómo nosotros hemos construido el yugo sobre nuestra vida.
- Yo siempre ofrecí mi cabeza para el yugo y le echaba la culpa al otro. Tenía enemigos, peleaba, reclamaba justicia para mí.
Desde el momento en que tomé conciencia de que yo soy responsable de mi felicidad, empecé a ser “egoísta”. Cuando yo me puse en primer lugar, tomé el poder. Al nutrirme de cosas buenas, doy cosas buenas, “soy fuente”.
4) - Somos soberbios y desvalorizamos a nuestros hijos, a la pareja, pensando que ellos no pueden. La sobreprotección es un amor equivocado. Dejamos de vivir y no dejamos vivir a otros.
Al sacarles el yugo a los demás, nos liberamos nosotros.

Dra. Lydia Febre

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