PSICOLOGIA GENERAL... "EL YUGO EN NUESTRA VIDA"(Parte I)
Hacemos un gran esfuerzo por alcanzar nuestros logros, para quedar bien con alguien, para merecer el amor o resolver situaciones muy complejas...

EL YUGO EN NUESTRA VIDA (Parte I)

Numerosas situaciones cotidianas significan un desgaste físico y psíquico.
Hacemos un gran esfuerzo por alcanzar nuestros logros, para quedar bien con alguien, para merecer el amor o resolver situaciones muy complejas.
Invertimos gran cantidad de energía en situaciones que se mantienen a lo largo de muchos años y nos la ingeniamos para cometer siempre los mismos errores.
Con nuestra preocupación terminamos logrando resultados de muy mala calidad. Nos proponemos encontrar vínculos favorables pero siempre terminamos relacionándonos con personas complejas, que no nos contienen y nos provocan dolor.
Pareciera ser que los resultados logrados, se corresponden con nuestra propia auto agresión.
Tendremos que empezar a leer con mayor claridad nuestros aspectos internos autodestructivos. Dichos aspectos se filtran en nuestra manera de pensar, de relacionarnos y de producir.
Todos tenemos estos aspectos que son resultado de vivencias infantiles por las cuales hemos quedado detenidos en algún área de la personalidad.
Los componentes autodestructivos, son aquellos que forman parte de nuestra vida cotidiana. Sin querer, atacamos lo que nos proponemos.
Si encaramos un proyecto, los miedos saboteadores, las inseguridades, los errores, los malos cálculos, aparecen de tal manera que podemos llegar a la parálisis y al desinterés.
Ese proyecto, que en su principio tenía gran cantidad de motivación, es detenido, se corta y sumamos una frustración más.
Nos esforzamos para que nos amen. Vivimos renunciando a nuestras necesidades. Vamos a tratar de quedar bien con los otros, ya sea en la oficina, con nuestros parientes, amistades. Volcamos gran parte de nuestro amor, interés, atención y cuidados para los otros.
Vivimos influyendo en su vida de una manera tan positiva que los ayudamos, acompañamos, estimulamos.
El costo es muy alto, ya que pasamos a ser “invisibles” para nuestro propio reconocimiento.
Pasa el tiempo y terminamos siendo personas muy solidarias, tanto que a veces una relación de amor, puede transformarse en una relación de amistad.
Hemos sido tan ayudadores, protectores, acompañantes y consejeras, que el otro transforma la relación de noviazgo en una excelente amistad y le propone matrimonio a la otra que no le importa nada, que se hace la difícil y que ni se preocupa por quedar bien con nadie.
Lo que nos está afectando es que, no siempre somos capaces de ver la capacidad de autorrenuncia que logramos.
El esfuerzo es muy grande, ponemos todo nuestro conocimiento, experiencia y buena voluntad, a disposición de los otros.
Como no lo percibimos, pasan lo años y esto se transforma en un sistema del cual no podemos salirnos.
Nos vemos como imprescindibles para los otros. Imaginamos que si no estuviéramos, su vida sería caótica y desorganizada.
Invertimos gran cantidad de esfuerzo en colaborar con terceros. Muchas veces esto tapa la realidad del ausentismo emocional hacia nosotros mismos.
Dejamos de ser los protagonistas en nuestra vida. Nos corremos, les dejamos los mejores lugares a los demás, y en algunos casos, nos encontramos con que el doctor nos dice que parece que tuviéramos diez años más de los que cronológicamente tenemos.
Puede estar padeciendo de una vejez precoz.
Nos comprometemos con los demás, olvidándonos de nosotros mismos. Seguimos gastando gran cantidad de energía y compromiso.
Otra de las formas de desgastarnos es vivir con miedo al juicio de los otros. Cuidamos nuestra imagen y el “qué dirán” pasa a ser lo más importante de nuestra vida.
Nos olvidamos que tenemos una vida propia para satisfacer.
Otra de las razones del esfuerzo es la gran exigencia que ponemos para contribuir a la armonía y a la paz en el grupo.
Puede ser que estemos insertos en un grupo donde hay problemas de comunicación. Puede haber discusiones, celos, rivalidades, acusaciones, mentiras, ocultamientos y trampas.
Ese grupo puede estar en el ambiente familiar, laboral, de amistades, etc.
Es tanto nuestro aspecto favorable de ayuda a los demás que, comenzamos a participar en los enredos de los de los demás, con un interés genuino de provocar la reconciliación, tratando de que todo el mundo se lleve bien.
Sin querer, quedamos atrapados en las acusaciones. No reconocemos que los vínculos son entre los demás.
Ejemplo: Si mi madre tiene una dificultad con mi papá o con mi hermano, deberé reconocer que cada vez que ellos tienen problemas, yo debería tomar distancia para no oscurecer la relación.
Será necesario aceptar que, dos personas que se están comunicando tienen derecho a conocerse de la forma en que pueden.
Muchos vienen de hogares donde la forma común de comunicación era la discusión, las acusaciones o las presiones.
Es necesario reconocerlo. Tener en cuenta la forma en que el otro ha sido criado. Muchas veces queremos intervenir en la vida de ellos ayudando para que el otro comprenda y pueda vivir mejor.
Esta también es una forma inútil de desgaste. Nuestra intervención puede ser malinterpretada.
Si mamá tiene problemas con algunos de nuestros hermanos, deberemos guardar silencio y ponernos al costado. (...)

Dra. Lydia Febre

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