PSICOLOGIA GENERAL... "MERECEMOS AMAR Y SER AMADOS"(Parte II)
Debemos recuperar el eje de nuestra vida, para reconocer que nos corresponde el protagonismo, que somos lo más importante para nuestra vida ...

MERECEMOS AMAR Y SER AMADOS (Parte II)

(...Continuación)
II) La actitud de profunda desvalorización.
La persona no se siente preparada, ni a la altura de quien le ofrece un afecto sincero y completo.
Aparecen complejos de inferioridad que actúan controlando toda la comunicación del amor. La persona queda en parálisis.
La parálisis es un estado que controla de tal manera el aspecto creativo y dinámico del YO, que logra su detenimiento.
A partir de allí, suele quedar atrapado en situaciones de las que, aunque le generen dolor y un sufrimiento permanente, no podrá salir.
En primer lugar, la persona se convence de que es víctima de las manipulaciones del otro y de que, por no conocer mucho de psicología, no puede zafar de él/ella.
En segundo lugar, el profundo temor a la soledad, hace que permanezcamos atados a esas situaciones que nos provocan un estado de amargura y de desesperación.
Pensamos que estamos indefectiblemente atados a una situación de humillación, porque no sabemos hacia donde avanzar.
Cuando la sociedad o nuestra familia, comienzan a hacernos creer que la felicidad no existe y nosotros lo creemos, caemos en un grave error.
A partir de allí, ahogamos nuestros sueños y renunciamos a un derecho que es propio de la especie humana.
El hecho de haber pertenecido a familias, a veces destruidas o con luchas internas, divisiones, celos y envidias, nos ha hecho creer que nosotros volveremos a repetir la historia.
Y muchas veces ocurre esto, porque aplicamos lo que aprendimos.
Aprendimos a sufrir, más que a reír; a estar ausentes en las grandes situaciones, más que a tener protagonismo; a sentirnos abandonados, en lugar de disfrutar de la compañía; a tenerle miedo a la soledad en vez de usar esa energía para buscar compañía en personas positivas que nos ayuden a vivir mejor.

A veces, los miedos a la soledad y al abandono, pueden dirigir nuestra vida de una manera negativa.
No sabemos como salir de una situación. Pensamos que esta debe continuar en nuestra vida, por temor a los cambios.
No nos proponemos objetivos, ni luchamos con todas nuestras fuerzas para lograr la felicidad y el éxito.
Cuando sentimos que tenemos en nuestra vida las cosas más importantes, los aspectos internos dramáticos y controladores, hacen que nosotros mismos actuemos en un estado de pánico, cometiendo los más grandes castigos a nuestro amor interior.
Estamos hablando del sabotaje al amor. Es una reacción de odio y de castigo, dirigidos hacia nosotros mismos o atacando los vínculos más sanos.
No teniendo idea de cómo se puede lograr una reconciliación y una comunicación sana.

"La Culpa la tiene el Otro"

No somos capaces de reconocer que estamos haciendo el soporte para sentir el dolor como consecuencia de las actitudes del otro.
Nos desgastamos defendiéndonos y a veces, atacando. No sabemos separarnos y podemos entender dónde termina el conflicto del otro y donde comienza nuestra salud mental.
Personas sanas mentalmente piensan que son conflictuadas porque se lo pasan peleándose, defendiéndose, dando explicaciones y tratando de demostrar que son buenas personas.
No logran tomar la distancia del problema del otro, sino que se agotan en una lucha estéril, que los aleja del centro de su vida.
Cuando tenemos problemas con alguien, porque discutimos o nos hiere, estamos poniendo el eje de nuestra vida fuera de nosotros y precisamente en esa persona que más nos ataca.

La solución es recuperar el eje de nuestra vida, para reconocer que nos corresponde el protagonismo, que somos lo más importante para nuestra vida y que sólo de nosotros depende cultivar los buenos vínculos, acercarnos a personas constructivas y organizarnos pensando sólo en nuestros objetivos.

Ejemplo: una estudiante quiere concretar su carrera, pero en su hogar hay rencillas o problemas. Desgasta su tiempo tratando de reconciliar, de ayudar, saca el interés de su vida, lo pone en los otros y, cuando se descuida, se dedica a atender los problemas de los demás y posterga los aspectos importantes. Pierde su tiempo y se da una regresión, porque el YO deja de atender sus necesidades y pone su mirada afuera.
En algunos casos esto corresponde a un aprendizaje familiar, el YO mira a los demás y analiza si están cometiendo errores, si descuidan su vida y se lo pasa asesorando aconsejando, ayudando a personas que, por supuesto, jamás cambiarán de actitud.
Quien quiera funcionar de mediador cuando los otros estén lastimándose, va a perder tanta fuerza en su vida, que va a terminar convenciéndose de que es alguien altamente conflictuado.
Tomó el conflicto de los otros y lo hizo suyo. A partir de allí, puede vivir una vida de amargura, de dolor, de sufrimiento, con bajos resultados, con trastornos alimentarios, por la agresión sobre el sí mismo, etc.
No tiene la mirada puesta en el YO, sino que pone toda su energía tratando de reconciliar afuera.
Cuando esto ocurre, el YO se separa, toma distancia. Aparecen los aspectos compulsivos internos y actúa como si un aspecto propio quedara sin atención.
Este aspecto olvidado y postergado en algún momento actuará de manera tan violenta que nos obligará a reaccionar.
En algunos casos, la persona vive tratando de curar a los demás, de mejorar vínculos ajenos. Puede llegar hasta la vejez en un estado de amargura y frustración, porque reemplazó su vida por la vida de los otros.
Para comenzar a pensar en un amor sano, vamos a tener que reconocer que, nos gusta más atender la vida de los otros que la nuestra. (...)

Dra. Lydia Febre

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