PSICOLOGIA GENERAL... "MERECEMOS AMAR Y SER AMADOS"(Parte I)
Debemos recuperar el eje de nuestra vida, para reconocer que nos corresponde el protagonismo, que somos lo más importante para nuestra vida ...

MERECEMOS AMAR Y SER AMADOS (Parte I)

Las experiencias de dolor vividas en nuestra primera infancia nos han marcado profundamente. Sin saber por qué, nos castigamos y reaccionamos contra lo más amado y deseado.
Deberemos trabajar con los aspectos profundos de ira y enojo, que hemos recibido como aprendizajes, de nuestros mayores.
Cuando somos adultos estos estados surgen de manera inmediata y compulsiva, incontrolable.
La ira actúa y no permite pensar. Arrasa con la voluntad y no responde a los límites del YO.
Se pueden cometer errores que no tienen retorno. La violencia interna enquistada en el YO aparece como expresión y provoca un estado de enojo profundo, de ruptura con el entorno. En ocasiones, estas actitudes se repiten de manera insistente.
Tendremos que aceptar que cuando ejercitamos la ira o un enojo violento, hay algo en nuestra personalidad que no está reconciliado con el resto, Hay un aspecto profundo y negado que funciona por sí mismo, sin control del YO.

Tarjeta para repetir:
"Hoy decido no tenerle miedo a mis aspectos autodestructivos. Reconozco que debo ponerles límite, controlarlos y transformarlos en aspectos amigables y edificantes."

Deberemos reconocer que tenemos derecho a reaccionar contra la ira y la violencia que nace desde nosotros y se dirige siempre contra nosotros mismos.
A veces atacamos a otros, pero el dolor que nos provoca el resultado, termina castigándonos.
Los profundos enojos no resueltos pueden provocar síntomas orgánicos.
Esto está significando, que hemos tenido un aprendizaje equivocado en nuestra etapa infantil. Como éramos tan pequeños, ver a nuestra madre y/o a nuestro padre encolerizada/o, nos hizo entender, quién tenía el poder.
A partir de allí, hicimos un aprendizaje nefasto. Empezamos a creer erróneamente que, quien entra en ira o en cólera es fuerte, dominante y los demás son frágiles y carentes de autoridad.
Cuando el niño ve una reacción de violencia en sus mayores, está convencido de que el mayor enojado lo puede destruir y hacer que desaparezca físicamente.
El miedo a la muerte, a ser aniquilado por madre o padre, aparece en la primera infancia y queda grabado así.
Con el tiempo, este sentimiento puede transformarse en terrores. Al ser adultos, puede expresarse como fobias, pánicos, enojos profundos, ira, cólera.
Para ponerse un límite, el YO tendrá que hacerse cargo de que es necesario enfrentar estos aspectos enfermos y antiguos del YO y comenzar a desarrollar una dinámica curativa.

La ira tiene raíces profundas de miedo y dolor.

Los enojos actúan como aspectos separados del control del YO.
Todos debemos dominar nuestros impulsos, cuando salen como enojos visibles.
En ese momento, la persona no puede pensar con claridad. Toda su energía psíquica está puesta a disposición de la destrucción.
En algunos casos, las personas más indefensas e inocentes son las que reciben la descarga de nerviosismo provocado como consecuencia de ese aprendizaje nocivo de ira o de cólera.

Deberemos empezar a trabajar para lograr que el YO, cuando aparece en su aspecto más destructivo, pueda detenerse, ponerse un límite y transformar ese aspecto infantil y arcaico, en una actitud adulta, donde la energía del dolor se transforme en una actitud de aceptación al otro.

MECANISMOS QUE APARECEN SABOTEANDO AL AMOR
I) El YO (en la niñez) se sintió rechazado, por lo tanto, rechaza. En algunos casos la ira puede aparecer como “exclusión del amor”.
Está dada por actitudes rígidas, de distancia, o bloqueos que aplica el YO, sobre quien quiera acercarse, brindando amor.
Hay un sentimiento profundo, inconciente de que no somos merecedores de ser amados, de recibir lo mejor de la vida.
Muchas veces, esto ha sido manifestado por los padres en la primera etapa de la infancia. Tal vez, aún siendo adultos esos padres siguen manteniendo actitudes de distancia, de frialdad y de diferencias entre un hijo y otro, de tal manera que cuando alguno de los hijos quiere acercarse, la madre o el padre actúan todavía de manera rechazante, a través de frases hirientes o actitudes negadoras del amor.
Esta experiencia vivida en una etapa primaria, hace que el adulto repita estas situaciones donde queda excluido, quien trae el amor.
En algunos casos es tan fuerte el proceso de desconexión entre el YO y el amor que, cuando llega la persona noble, cargada de amor que jamás provocaría dolor, esa persona no logra enamorarse de este sujeto adecuado. Le parece demasiado bueno, lo ve como un hermano, es demasiado aburrido.
En cambio, se enamora del hombre/mujer difícil, imposible, casado/a, inmaduro/a, descomprometido/a.
Avanza en busca de un amor frustrante. No le está permitido enamorarse de alguien y recibir el amor sano, constructivo.
Esto indica que el YO puede estar preparado para rechazar el amor sano, y aceptar sólo los vínculos negativos que no van a colaborar con su felicidad.
El YO no está reconciliado consigo mismo. Siguen teniendo poder y autoridad esos aspectos negativos, agresivos.
Es necesario buscar la reconciliación con el amor. De lo contrario, la persona ni siquiera verá la buena posibilidad, que le garantizaría una agradable compañía en su vida.
Sino que, se desconecta, se distancia y ni siquiera toma conciencia de las buenas posibilidades amatorias. (...)

Dra. Lydia Febre

  siguiente