PSICOLOGIA GENERAL... "LOS ENOJOS"(Parte II)
El enojo es una fuente de violencia interna que se transformará en un sentimiento extorsivo, que romperá el vínculo o introducirá una frialdad que terminará congelando o matando al amor...

LOS ENOJOS (Parte II)

Muchas veces el amor sale acusatorio, con palabras de juicio, justamente con aquellos a los que más valoramos. Los queremos, pero hay una gran intolerancia y la persona no entiende por qué los otros se retiran heridos, se alejan.
Aparece un estado de indiferencia donde no hay ningún interés por lograr acercamientos.
Cuando el amor sale como agresión, la persona vive como que los demás fueran los responsables de sus desgracias. Construye poco o lo que tiene lo arruina. Vive para afuera, emite juicios, presiona y el enojo está siempre metido en las personas que son sus objetos de su amor.
Cuando el amor se vive con dolor en la infancia, al ser adulto el amor sale con una actitud agresiva.
El resentimiento interno está tan profundo que le cuesta reconocer que el enojo es de él. Lo proyecta sobre las personas que ama y ve a los demás como responsables.
Se crea en el YO un falso sentimiento de víctima. Puede haber un aprendizaje negativo del amor, toda discusión que nosotros tenemos son provocadas por un sentimiento interno que es un enojo oculto y guardado durante años.
La persona que ignora que tiene esas heridas profundas, las vuelca sobre sus próximos. Vive de manera insatisfecha, se siente víctima de los demás.
Deberá reconocer, si está en esta actitud, que usted no es víctima de nadie, está donde está porque lo ha querido así. Tal vez apoyó a personas que, a pesar de que sabía que eran agresivas, insistió y siguió dándoles crédito.
Todos hemos construido el presente, armamos esta trama día por día. Somos responsables de lo que hemos logrado y también de lo que no hemos alcanzado.
Quizá hemos estado enredados en amores y enojos, con falta de perdón, odiando tanto que ese gasto de energía nos paralizó.
Siempre que tenemos rencor, estamos comprometiendo nuestra cabeza en una actitud de parálisis, ya que centramos nuestros sentimientos en una situación negativa que nos sigue castigando hasta el día de hoy.
Habitualmente, la persona que más hemos amado ha sido la que más nos ha traicionado. Estábamos preparados desde la infancia para asociar el amor con el dolor.
Elegimos la persona que puede generar ese dolor o, si elegimos una persona sana vamos llevando la situación de tal manera que logremos el resultado que inconscientemente veníamos buscando.
El resto, para lograr la infelicidad, con el enojo que tenemos dentro de nosotros basta y sobra.
Todo enojo, todo rencor, toda furia, todo recuerdo de malos tratos, lo estamos teniendo para arruinar nuestro presente ya que todavía no nos hemos despegado de esa actitud de prohibirnos la felicidad.
La felicidad tiene su gran pilar en la paz y la paz no existe si hay enojos o situaciones sin perdonar.
Así como arruinamos el amor, porque perdimos la distancia, el otro nos provocaba y sacábamos lo peor nuestro. Salía el amor con el castigo, aplicábamos el amor arruinador, criticón, no colaborador, indiferente.
Actualmente, seguimos viviendo y sufriendo porque nosotros mismos no podemos desalojar las raíces de amargura, de indignación, de dolor, de rebelión, de nuestro YO.
Hasta que esas heridas internas no sean curadas, seguiremos viviendo con una falta de reconciliación, seguiremos viviendo buscando el amor, porque cada vez que lo expresamos, aparece un resultado de frustración.
Para sanar nuestras depresiones, nuestros insomnios, tendremos que ir arrancando de raíz nuestras experiencias vividas de odio y de enojos.
Tal vez aprendimos a estar enojados porque nuestros padres vivían enojados o insatisfechos. Han retado, criticado, descalificado, maltratado.
Eso es una traba que nos impide reír, celebrar y disfrutar, esas raíces controlan nuestro estado de ánimo y hacen que tengamos estados de tristeza, de amargura, de apatía.
Hacen que en un día luminoso, en vez de salir a caminar y disfrutar de la naturaleza, nos quedemos aislados, encerrados dentro de casa, castigándonos.
Cuando el amor castiga para afuera, primero, castiga para adentro. Todo esto nos demuestra que es fundamental incorporar a nuestra mente y a nuestra vida la actitud de perdón. (...)

Dra. Lydia Febre

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